POLÍTICOS MALOS, TÓXICOS Y AUTORITARIOS

Hay quienes aluden constantemente al refranero español por su magnífica brevedad y poder de ilustración, pero, aunque parezca lo contrario, muchísimas veces se equivocan en sus vaticinios. Uno de ellos dice, “No hay dos sin tres”, otro dice, “No hay quinto malo”.

Esperemos que el próximo mayo de 2023 (elecciones municipales), no se cumplan y que por tanto no tenga lugar el tercer mandato “completo” del actual alcalde de nuestra ciudad, ni tampoco tenga lugar que “este” PSOE gobierne nuestra ciudad una quinta legislatura consecutiva, cuyas consecuencias podrían ser fatales e irreparables.

No es por capricho, sino que debemos entender que se trata de una cuestión de pura supervivencia, ya que Sanlúcar no podría resistir otros cuatro años de absoluta dejadez, suciedad y abandono a la que está sometida por este alcalde y por “este” PSOE”.

La sociedad sanluqueña puede seguir corriendo riesgos creyendo que son asumibles, pero conviene tener en cuenta que las cosas tienen límites, y el peligro de una nueva legislatura a manos de “este” PSOE y de este alcalde, sólo sería comparable con la desaparición del Barrio Bajo o a que nos quedáramos sin langostinos y manzanilla. Serían tres auténticas catástrofes.

Platón, hace veinticinco siglos dio respuesta a la pregunta, ¿por qué elegimos a malos políticos para que nos gobiernen? Y dijo que cada vez más ciudadanos, en vez de pensar con la cabeza y con la razón, piensan con el estómago, es decir eligen a un candidato o a otro por los beneficios que individualmente puedan conseguir, un empleo, un favor, un cargo, o por su dogmatismo partidista como si se trata de una cuestión de fe y no de confiar en quien sepa o tenga capacidad para gestionar lo público.

Luego ocurre lo que no debería ocurrir, nos encontramos con líderes autoritarios, que juegan a la división de la sociedad para afianzar con firmeza a sus seguidores a base de favores, prebendas y llenando sus estómagos agradecidos, demonizando por otro lado a sus adversarios.

La división de la sociedad, el aniquilamiento del movimiento asociativo y la compra de los medios de comunicación para convertirlos en boletines propagandistas entre otros, constituyen la base de los recursos que utilizan estos políticos tóxicos, tanto para acceder al poder como para conservarlo.

Tenemos cercano a quien ve la acción política como el lugar para alcanzar la gloria personal y no el bien común del conjunto de la sociedad que gobierna, y que actúa con absoluta mediocridad, una actitud prepotente y egocéntrica, y una firme creencia de que solo está obligado a rendir cuentas ante él mismo.

Lo que ocurre con este tipo de gobernante, es una pérdida absoluta con la realidad que palpa y vive el pueblo, todo ello debido a su tendencia al autoengaño, y finalmente a construir un mundo compuesto de amigos y enemigos. No obstante, detrás de esa máscara de aparente seguridad, se esconde una autoestima frágil que hace muy vulnerables a esta clase de político a la crítica más leve, frente a la cual suelen reaccionar con gran hostilidad, rencor y si fuera posible, venganza.

Ante tan gris perspectiva, nos hacemos otra pregunta del millón, ¿pero entonces, el próximo mayo de 2023 a quién votamos? Miramos a los líderes de la oposición y no encontramos respuestas, quizás porque no las haya.

Por eso ahora y más que nunca, se hace necesario que en Sanlúcar emerja con fuerza la figura de alguien, no importa de qué formación política, que siendo honesto y honrado, y con cierta capacidad de gestión, que no es poco, se gane el respeto y la confianza de la mayoría de la sociedad sanluqueña, que debería despertar ante tan prolongado y nocivo letargo.

A mí me ilusiona pensar y debemos creer que en Sanlúcar nos merecemos algo más y mejor, que la podemos cambiar, y que lo mejor está por llegar, Entre todos podemos conseguir que no se cumpla el refranero español. Ah, y por favor que no se pierda el Barrio Bajo, ni tampoco nos quedemos sin langostinos y manzanilla.

Alguien que dice lo que mucha gente piensa y no se atreven a decir.