ENTRE LA MEDIOCRIDAD Y LA MENTIRA

La capacidad de resistencia o adaptación del ser humano (resiliencia), parece no tener
límites. Cuando parece que ya lo hemos “vivido” todo, al día siguiente afrontamos nuevas
vivencias que propician a base de esfuerzo, adaptación y superación, que podamos abordar
otros retos inciertos y seamos capaces de enfrentarnos a esas nuevas adversidades.

La gran mayoría de la sociedad española, con la alta presión fiscal a la que está sometida,
con la galopante carestía de vida de los productos de consumo, con la falta de oportunidades
para acceder a una vivienda digna, y un largo etc, de adversidades a las que hace frente en
los últimos años, han demostrado una notable resiliencia para la subsistencia.

Todo ello queda casi en anecdótico, si lo comparamos con la más que complicada situación
que padece y a la que se enfrenta de manera estoica el conjunto de la sociedad sanluqueña.
En cualquier ciudad española por muy pequeña que sea, se proyectan y se realizan
inversiones que mejoran la calidad de vida de la ciudadanía, en Sanlúcar en cambio, se
proyectan cada día nuevos socavones en las calles, nuevos vertederos ilegales, nuevos
bosques de matorrales en los parques y jardines.

En Sanlúcar, la falta de inversiones, la calamitosa situación económica de nuestro
Ayuntamiento, la falta de personal en las Unidades y Delegaciones Municipales, el
desorbitado y asfixiante coste del Capítulo I (coste de personal), oprimen y maniatan a
nuestra sociedad, abocándola al más desesperanzado ostracismo.

Los graves déficits estructurales para la gobernanza de nuestra ciudad, son incapaces de
hacernos soñar, no ya un futuro halagüeño, sino tan siquiera pensar en un futuro digno para
nuestros hijos y nietos. El desempleo y la falta de oportunidades están despojando a nuestros
jóvenes del derecho a labrarse un futuro y un proyecto de vida en su propia ciudad.

Son muchos años en los que la mediocridad, la incapacidad manifiesta, la desvergüenza, la
envidia, los intereses particulares y/o partidistas y la mentira, han prevalecido en algunos
casos, sobre la capacidad y el buen hacer para gestionar “lo público”, sobre la
responsabilidad para abordad y dar posibles soluciones a esos problemas estructurales, y lo
que me parece aún más grave, han prevalecido sobre la honestidad que se debe cada
persona así misma.

Todo ello me lleva a reflexionar y preguntarme si tenemos lo que nos merecemos, o quizás
tenemos lo que hemos construido entre todos, o lo que hemos dejado a otros destruir en
nuestro nombre.

#SanlúcarSiempre

Antonio Reyes Sallago