Ayer lunes Santo se preveía una jornada complicada para las cofradías que realizaban su estación de penitencia, pero sin lugar a dudas nadie pensaba que este lunes pasará a los anales del mundo cofrade local. En la vecina poblaciones de Jerez algunas Hermandades como la de la del Cristo de la Sed de Jerez fueron sorprendidas por la lluvia teniendo que refugiarse en la Iglesia de San Juan de Letrán sobre las 17:00 horas. Aun así, las Hermandades de la Candelaria y la de Fátima y Amor y Sacrificio se decidían a salir, mientras que la cofradía de La Viga y la Cena esperaban acontecimientos, decidiendo no realizar la estación de penitencia.
Mientras, en Sanlúcar, las Juntas de Gobierno de Humildad y Paciencia llegando la hora de su salida solicitaron una prórroga de una hora esperando acontecimientos. Una hora más tarde, la Hermandad de la Cañita decidía salir para realizar su estación de penitencia a la Parroquia Mayor y regresar a su templo. Teniendo en cuenta su cercanía con el templo mayor era un riesgo compresiblemente asumible. Tengamos en cuenta el contexto: dos años sin poder salir debido a la pandemia, la Basílica de la Caridad repleta de hermanos con gestos preocupados, y esperando conocer la decisión final de la Junta de Gobierno. En la Parroquia de el Carmen, la cofradía del Pusillus Grex se debatía igualmente en tomar la misma decisión.

Desde el equipo de Aliquindoi nos llegaban mensajes contradictorios. ¿Salía el Pusilius? No. ¿Pero si lo estoy viendo salir lloviendo? ¿Cómo? Algo había ocurrido dentro del templo de la calle San Juan que había obligado a la cofradía del Soberano Poder para que se decidiera a tomar esta decisión. En el mismo momento, el paso de misterio de la Hermandad de la Cañita subía la calle Monteros, siendo sorprendida por la lluvia cuando llegaba a la esquina de la calle Puerta de Jerez. En ese mismo instante, el palio de la Virgen de las lágrimas se disponía a tomar la misma calle bajo la lluvia. ¿Por qué no dio la vuelta? Posiblemente porque una revirá en un espacio tan angosto era una tarea inviable. Los momentos de nerviosismo se plasmaban en las caras de los capataces que esperaban la orden del diputado de salida para tomar la decisión oportuna, mientas que el cortejo de hermanos nazarenos y monaguillos aguantaba estoicos y sin descomponerse en sus lugares. Por otro lado, los miembros de la Banda de Música de Villalba del Alcor se refugiaba en los soportales mientras que la Virgen de las Lágrimas era solo acompañada por los tambores.

Encajonada y sin más salida, mientras que el cortejo de nazarenos de Humildad y Paciencia estaba a punto de adentrarse en la Plaza de la Paz, la cruz de Guía, volvía apresuradamente a tomar la calle Monteros para regresar a su templo de manera apresurada a la Caridad. Con estos acontecimientos, lo lógico era pensar que El Pusillus hubiera dado media vuelta, sin embargo, subió la Cuesta de la Caridad para dar media vuelta junto a la Basílica y volver a su templo bajo la lluvia.
Así, tras terminar la jornada del Lunes Santo, los sentimientos en las redes sociales son dispares. Por un lado, aquellos que apoyan la decisión tomada por las respectivas Juntas de Gobierno, considerando que a pesar de las circunstancias meteorológicas era necesario salir después de dos años de pandemia. En contraposición, los que ven en este hecho una temeridad innecesaria teniendo en cuenta los partes meteorológicos. En definitiva, la historia de las cofradías se cuenta en acontecimientos excepcionales, y este, al fin y al cabo, no es ni más ni menos que un episodio más dentro de la crónica de la Semana Santa sanluqueña que será recogida por las crónicas futuras.
