El Jerez y la Manzanilla aspiran a ser Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad

Sanlucar de Barrameda, 25 de Enero de 2025

La Denominación de Origen Jerez-Xérès-Sherry y Manzanilla de Sanlúcar de Barrameda se une a un proyecto internacional que busca el reconocimiento de los vinos fortificados como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO. Esta iniciativa cuenta con la participación de regiones de prestigio mundial como Oporto y Madeira (Portugal), Marsala (Italia) y Samos (Grecia), todas ellas destacadas por su legado histórico y cultural en la elaboración de estos singulares vinos.

El Marco de Jerez juega un papel fundamental en este esfuerzo colectivo, aportando su sistema de soleras y su crianza biológica, métodos ancestrales que ejemplifican la transmisión de conocimientos y tradiciones a lo largo de generaciones. Estos elementos, junto a la riqueza cultural y gastronómica de la región, posicionan al Jerez y a la Manzanilla como referencias internacionales en el sector vinícola.

Un legado que conecta culturas

El presidente del Consejo Regulador, César Saldaña, destacó la importancia de esta candidatura, afirmando que el reconocimiento no solo beneficiará a las regiones productoras, sino que también contribuirá a la preservación de un patrimonio compartido por la humanidad. Según Saldaña, “este paso es esencial para proteger las prácticas y saberes ancestrales frente a desafíos globales como el cambio climático y las transformaciones económicas”.

El proyecto también busca resaltar la contemporaneidad de los vinos fortificados, promoviendo su redescubrimiento entre las generaciones más jóvenes y fomentando un enoturismo más sostenible, que potencie el desarrollo rural y económico de las regiones productoras.

Un expediente para la UNESCO

En los próximos meses se presentará el expediente oficial de candidatura, que destacará la singularidad de los métodos de producción, la capacidad de los vinos fortificados para fijar población en sus regiones de origen, y su conexión con la historia, la gastronomía y las tradiciones de distintas culturas. Este reconocimiento supondría no solo la puesta en valor de la riqueza vinícola, sino también de la diversidad cultural y la historia compartida que estos vinos representan.