EDITORIAL | Cuando la planificación falla: la verdad completa sobre el alumbrado de Sanlúcar

Una ciudad a oscuras y una lección clara sobre plazos, procedimientos y planificación

Sanlúcar ha llegado a diciembre sin su alumbrado navideño. Las calles, que otros años ya lucían destellos y figuras luminosas, permanecen aún a la espera. Y aunque esta ausencia haya generado preocupación y decepción entre vecinos y comerciantes, la explicación no se encuentra en la superficie, sino en los cimientos administrativos que sostienen —o retrasan— cada decisión pública.

Durante años, el alumbrado extraordinario se contrataba mediante procedimientos anuales, más sencillos y de menor cuantía. Estos contratos permitían que las licitaciones se iniciaran incluso en otoño y aun así se llegara a tiempo para montar las luces antes de diciembre. Eran procesos rápidos, con plazos flexibles y sin obligaciones europeas que prolongaran los tiempos.

Pero en 2025 la ciudad apostó por un modelo distinto: un contrato de dos años, que incluía dos Navidades y dos Carnavales. Su mayor duración y presupuesto implicaron un cambio profundo: el proceso pasó a convertirse en un contrato armonizado, sujeto a publicación en el Diario Oficial de la Unión Europea y a plazos tasados que la Administración no puede acortar.

Ese cambio —más moderno, más estable, más transparente— trajo consigo una exigencia ineludible: empezar mucho antes.

Sin embargo, la licitación se publicó el 11 de septiembre, una fecha adecuada para un contrato anual, pero insuficiente para uno armonizado. A partir de ahí, el resultado era inevitable. Treinta y cinco días de exposición en el DOUE, aperturas técnicas y económicas, informes, valoración, adjudicación el 10 de noviembre y, finalmente, el plazo legal de quince días hábiles antes de formalizar el contrato. Solo entonces puede comenzar el montaje.

Cuando el contrato se firmó, diciembre ya había llegado.

No se trata de un fallo de ejecución, sino de planificación.
De un desfase entre el tipo de contrato elegido y el calendario que se aplicó.
De intentar encajar un procedimiento largo en un tiempo pensado para un procedimiento corto.

La gestión pública requiere armonía entre intención y método.
Un contrato más ambicioso necesita un calendario más amplio.
Una mayor transparencia exige más previsión.
Y cuando las luces no se encienden a tiempo, la causa no está en las calles, sino en los plazos que, como la propia Navidad, llegan siempre puntuales.

Sanlúcar aprenderá de esta experiencia. Las luces volverán, más temprano o más tarde, porque la ciudad siempre acaba encontrando su brillo. Pero esta situación deja una lección clara:
para que la Navidad se ilumine a su hora, la gestión debe encenderse mucho antes que las bombillas.