El maestro Paco Ojeda volvió a emocionar al público en la clausura de la VI Bienal Internacional de Tauromaquia, celebrada en la plaza de toros de La Merced, en Huelva. Su aparición, cargada de autenticidad y magnetismo, confirmó que el tiempo no ha logrado borrar la fuerza ni el temple de una leyenda.
La jornada final de la Bienal, dedicada a los grandes referentes del toreo, tuvo en Paco Ojeda uno de sus momentos más esperados. Su sola presencia, serena y concentrada, bastó para recordar por qué marcó una época: por su manera de entender el toreo desde la quietud, el riesgo y la verdad.
Durante el encuentro, el diestro sanluqueño —que revolucionó la tauromaquia en los años ochenta con un concepto artístico único— compartió su visión del toreo como “acto de entrega y silencio”, una filosofía que sigue inspirando a toreros y aficionados.
La ovación fue unánime. Los asistentes reconocieron en Ojeda no sólo al torero valiente que cambió la manera de situarse frente al toro, sino también al hombre que ha mantenido intacta su elegancia y hondura dentro y fuera de los ruedos.
Voces de admiración
El impacto de su actuación quedó reflejado en las palabras de varios asistentes, que no dudaron en mostrar su emoción ante lo vivido:
“Paco Ojeda es único en la larga historia del toreo, y lo seguirá siendo. Nadie tiene esta clase cuando se queda quieto. No hay vulgaridad, ni gestos superfluos, solo un hombre que habla suavemente al oído de una becerra y torea para sí mismo y para nosotros. Qué suerte tienen los espectadores”, expresó uno de los aficionados presentes en La Merced.
Otro asistente resumió así su admiración:
“Un genio que sentó cátedra en la tauromaquia. Ese toreo invadiendo el terreno del toro con clase y un valor sereno, convenciendo al animal de que embestir era su única defensa. Salud y éxito, maestro de maestros”.
Un símbolo vivo de Sanlúcar
Nacido en Sanlúcar de Barrameda, Paco Ojeda representa uno de los nombres más universales de la ciudad. Su trayectoria, marcada por tardes históricas en Sevilla, Madrid y Francia, y su Premio Nacional de Tauromaquia (2013), lo sitúan entre las figuras imprescindibles del arte del toreo.
Su presencia en la Bienal no fue sólo una celebración personal, sino también un reconocimiento al peso de Sanlúcar en la historia de la tauromaquia. Una tierra de toreros y de arte que encuentra en Ojeda uno de sus más altos exponentes.
El tiempo no pasa para el arte
La Bienal de Tauromaquia de Huelva cerró así su sexta edición con un broche de oro: el reencuentro de Paco Ojeda con la emoción del público. Su forma de estar, de mirar y de sentir el ruedo sigue despertando la misma admiración que en sus años de plenitud.
En palabras de los asistentes y críticos, fue “como si el tiempo no pasara”, una afirmación que, en su caso, más que una metáfora, es una verdad que sigue respirando en cada gesto del maestro sanluqueño.
