El día en que Sanlúcar reencontró a su Nazareno

El Nazareno fue ayer rescatado por el pueblo de Sanlúcar. Corrían los primeros meses del año 2020, cuando la Junta de Gobierno de la histórica hermandad lanzó En el programa cofrade “Cabildo de Salida” de Sanlúcar Penitente, un grito de auxilio a la ciudad. Desde las últimas dos décadas, la cofradía había ido perdiendo hermanos hasta no llegar a contar con 400 en nómina. Con esta situación, la Junta presidida por Alberto Jiménez Martínez decidió afrontar la situación cogiendo al toro por los cuernos. Había que tomar una decisión arriesgada y esta se materializó en el cambio de horario de la cofradía. El señor de la Madrúgá saldría a las 7:00 de la mañana.

Como todo cambio, las críticas no se hicieron esperar produciendo un intenso debate en las redes sociales. Sanlúcar se quedaba sin su Madrugá. Esto era la crónica de una muerte anunciada pero que nadie se atrevía a reconocer y que tuvo su prólogo cuando la Hermandad del Silencio pasó a engrosar la nómina de cofradías del Jueves Santo. La tendencia de los capillitas locales de marcharse a otras ciudades a disfrutar de la noche santa y la falta de relevo generacional hicieron el resto. Aún a principios de la década de los 90, la cofradía contaba con uno de los mayores cortejos de penitentes que se fue mermando hasta quedar reducido a algo testimonial. De esta forma y como consecuencia de la pandemia aquella primera salida del señor de la Madrugá con las primeras luces del día se tuvo que posponer hasta ayer.

Desde que a las siete se abrieron las puertas de la Basílica de la Caridad el gentío congregado para ver salir ambos pasos vaticinaba el éxito del cambio de horario. Aún con esto, en Facebook los más agoreros subían fotos del transcurrir de la cofradía por una calle Ancha poco concurrida, sin embargo, esto solo fue un espejismo. Nada más llegar a la cava del Castillo, la gente comenzó a arropar a la Hermandad que se vio acompañada por un gentío que fue aumentando desde la Calle San Agustín hasta convertirse en una marea que desembocó en la Cuesta de la Caridad. Como hacía años que no sucedía, el pueblo quería ver llegar al señor de la Madrúga, no cabía un alfiler. Gentes de todas las edades, niños que asistían por primera vez al mítico momento, veían subir a la imagen del alcalde perpetuo de la villa en un respetuoso silencio. Cuando el paso del señor enfilaba la puerta del templo, el fervor se plasmó en la saeta del Nono. La ciudad volvía a recuperar la recogida más emblemática de su Semana Santa.

Y tras la entrada del paso de misterio, llegó la apoteosis con la subida del palio de Nuestra Señora de la Amargura. Bajo las notas de la marcha Calvario, y rodeado por una tropa de cangrejeros, ascendía hasta su templo la virgen que nunca va sola. Tas los antifaces de los azules nazarenos, se humedecían los ojos cuando sonaba Mi Amargura, y pisándose con la marcha la Saeta del Nono hacía romper el llanto de los hermanos que veían consumado el milagro. Sanlúcar se había reencontrado con su Nazareno.