Ayer fue jueves Santo, y además 14 de abril, el Jueves Republicano. Y como afirmaba la copla, uno de los cuatro donde reluce más el sol. Y fue un jueves de los de antes de la pandemia. Desde las primeras horas de la mañana la Parroquia de San Nicolás, La Iglesia de los Desamparados y San Francisco estaban a rebosar de gente. Después de dos años, volvía a la calle Las Hermandades del Cristo de la Expiración, El Cautivo y el Silencio. Tres de las cofradías con más hermanos de la ciudad.

Eran las 5 de la tarde, y cruzaban las jambas de sus templos los nazarenos morados del Cautivo, los negros nazarenos del cristo expirante que inundaban las calles de devoción y alegría. Tras ellos, dos de las imágenes más veneradas por la ciudad: El Cristo de la Expiración entró en la Plaza de San Francisco acompañado por la alicantina Agrupación Musical de Crevillent que sorprendió por su calidad. Y En San Roque, un mar de plumas blancas tomó posesión de la tarde sanluqueña. La afamada Banda de Cornetas del Sol de Sevilla, dejaba claro porqué es una de las mejores formaciones musicales de Andalucía. El paso del señor Cautivo con unos chicotás sobrias, arrancaba aplausos del gentío que se congregó en el centro de la ciudad. De igual forma, el exorno del paso con lirios morados, hacía juego con la austera túnica morada de la imagen. Tras el paso de misterio llegó la presencia de uno de los mejores palios de Sanlúcar, La Virgen de la Estrella, que levantaba aplausos en cada levantá. Sobresaliente el repertorio de marchas interpretadas por la Banda de Música Maestro Dueñas, que bajo los sones de Estrella Sublime elevó al público de la Plaza Cabildo a la catarsis cofrade.
Mientras, en la calle Barrameda, se produjo la apoteosis, la Esperanza llegaba a su barrio, engalanado para celebrar su día más importante. Si alguien no lo sabe, el Barrio celebra su fiesta nacional cada jueves santo cuando aparece por las esquinas su Virgen. Y como el Barrio tiene constitución de República independiente, los vecinos tienen su himno, y este es interpretado cada jueves santo por la familia Muñoz en la puerta de la panadería del patriarca Isidro en la calle Sargenta.
Cuando la Esperanza pasa por mi casa Bendice a mi barrio, bendice mi casa Desde los balcones cantando oraciones, Te damos las gracias, adiós virgen mía Adiós maré mia de la Esperanza Ya se va, ya se va, contigo me voy detrás

Caída la noche, pasada las 9:30 salía la Hermandad del Silencio, la ciudad enmudecía ante el paso del Cristo de los pelos acompañado por un cortejo de nazarenos que se ha visto incrementado tras el parón de dos años. Decían los catedráticos capillitas que este año habría menos penitentes, pero al igual que se suelen errar en la confección de encuestas electorales municipales, la fe es algo difícil de cuantificar. Tras el paso de Jesús del Silencio más de 100 personas de promesa, cada una con su motivo desconocido. Hace décadas los pasos se veían seguidos por devotos, sin embargo, algunas hermandades han preferido ponerles traba en post del acompañamiento musical. No olviden que sin los devotos que rezan todo el año ante sus imágenes, la estación de penitencia se convierte en un mero desfile. Así, con una ciudad echada a la calle, tuvo lugar un Jueves Santo como los de antes, ese prólogo que anuncia que ya todo está consumado en la tarde del Viernes Santo.
